Las instituciones
genuinamente formadoras de valores como la familia y la escuela se encuentran
en la actualidad en una terrible crisis.
Problemática que demanda urgentemente esfuerzos redoblados, denodados y bien
intencionados de todos los actores de la sociedad para superar esta situación
difícil en la que se hallan la familia y la escuela, a los efectos de reanudar
su funcionamiento normal como instituciones sociales positivas.
La Real Academia de
la Lengua Española define el término ética en su segunda acepción como
“conjunto de principios y normas morales que regulan las actividades humanas”.
Lastimosamente hoy en día las conductas de las personas en nuestra sociedad no
están reguladas prácticamente por ningún principio ni norma moral. Se ha
entrado en el peligroso y nunca saludable terreno del ¡todo vale! Si
permanecemos en éste sitio puede tener consecuencias aún más catastróficas en
términos de sociedad.
Es imperioso hablar
de los principios y valores éticos con los niños, adolescentes y jóvenes en
todos los espacios posibles. Es urgente y necesario que éstos escuchen las
cuestiones importantes que hacen que la vida se nutra de contenido y sentido.
Que hay un mundo más allá de “tomar hasta morir” bailando reggaeton y cachaca
en locales nocturnos para mayores de edad.
Es lamentable ver a
chicas de 15, 16, 17 años embriagándose con montones de chicos de su edad en
locales bailables hasta el amanecer. O vendiendo su esencia y su dignidad a
algún viejo sponsor para financiar su estilo de vida harto superficial y
frívolo. Los empresarios que explotan el rubro comercial de la diversión
nocturna no se cuestionan para admitir menores de edad en sus locales y
venderles alcohol. ¿Qué dicen los padres al respecto? Nada. Absolutamente nada.
Deberíamos
preguntarnos si realmente queremos una mejor sociedad. Y si efectivamente
aspiramos a una mejor sociedad, necesariamente debemos entre todos buscar
estrategias que nos conduzcan a recuperar la familia y la escuela y empezar a
educar en valores. Y en este afán además lograr que el conocimiento recobre su
valor genuino en nuestro país como motor de desarrollo y elemento indispensable
para formar parte del mundo moderno y superar definitivamente el pre-modernismo
en el que nos encontramos paralizado como país.